26 de febrero de 2014

Motivaciones para Innovar y Lanzar nuevos productos



Todas las empresas y organizaciones quieren innovar, o al menos tienen la intención de hacerlo, aunque no todas lo logren. Mejor dicho, todos los seres humanos que lideran las organizaciones quieren innovar, las empresas no tienen sentimientos, no tienen intenciones, son los seres humanos que participan en ellas los que motivan la innovación. Detrás de la intención de innovar y lanzar nuevos productos y servicios existen motivaciones, elementos que mueven, inspiran o empujan las acciones alrededor de la innovación. Analicemos las más comunes y relevantes.


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Crecer
Todo ser humano quiere crecer, progresar, ser mejor, y quiere que su organización crezca, progrese y sea mejor. El ser humano posee un instinto que lo mueve al crecimiento, si hoy vende 10 quiere vender 15, si hoy tiene una planta quiere tener dos, etc. Los inversionistas deciden invertir en una u otra acción según el crecimiento que el CEO ofrece y lo que sus análisis infieren. Los políticos prometen crecimientos del PIB, si los alcanzan son héroes, si no buscan pretextos por todos lados para justificarlo. La madre pinta una regla en el marco de una puerta para medir el crecimiento de sus hijos. La neurociencia y la genética molecular han comprobado que el progreso es un instinto muy primitivo en el ser humano, una herencia de nuestros antepasados. Crecer le genera placer al hombre y a la mujer, desde que somos bebés progresar provoca que el cerebro genere dopaminas (hormonas del triunfo y del reto), endorfinas (hormonas de la felicidad) y serotonina (hormonas del estado alerta), por eso el crecimiento es adictivo. La innovación es la estrategia más efectiva de crecimiento y progreso. Estudiaremos a la innovación como la acción de agregarle valor a otros seres humanos a partir de mejorar los procesos, métodos, productos, servicios y espacios. Sin innovación es imposible que un lanzamiento de producto o servicio tenga éxito.

Ser protagonistas
Otra motivación muy poderosa para innovar, para lograr que alguien sacrifique tiempo, esfuerzo y recursos en mejoras en su empresa, para mover a grupos enteros de personas a desvelarse y alejarse de sus familias para encontrar oportunidades, planear, conceptualizar, lanzar nuevos productos y servicios y medir los resultados es el deseo de atraer los reflectores, de lucirse, de ser reconocido y celebrado, de ser protagonista. Desde niño el ser humano busca la aprobación, el reconocimiento, los aplausos y los premios; cuando innovamos y lanzamos productos o servicios, consciente o inconscientemente también buscamos el protagonismo. Con excepción de unos cuantos, los CEOs, los Directores, los Dueños de empresas, quieren salir en las portadas de periódicos y revistas, quieren que otros hablen de ellos, que los citen, que se mencionen sus frases, dar conferencias para contar sus historias. Cuando los líderes de la competencia comienzan a ocupar más espacios que ellos entonces surge una urgencia interna por innovar y retomar el lugar deseado.

Acumular y dominar
Otro instinto que mueve a los seres humanos a innovar es la acumulación, la cual está directamente vinculada al dominio. Se acumula participación de mercado, marcas, plantas, sistemas, activos, licencias o patentes, etc. Y si todo esto se aprovecha correctamente se logra un dominio, ya sea sobre un mercado, una categoría o la competencia. Al ser humano lo mueve el poder, esa posibilidad de hacer, de controlar, de tener lo que otros desean, de ser un gran proveedor no sólo en su casa sino en su comunidad. Cuando se acumula algo deseado por los demás, los otros nos necesitan, este es el poder en su sentido más básico. Los mercados de valores, los accionistas, la prensa y su audiencia, premian a aquellos que logran dominar un mercado, a aquellos que han logrado acumular más que los demás.
El instinto de acumulación conlleva otras dos motivaciones muy primitivas; por una parte, desde tiempos remotos la acumulación ha sido una estrategia de sobrevivir en tiempos de escasez y está estrechamente relacionada a la creencia de que la temporada de escasez llegará y tendremos que echar mano de lo acumulado. Por otra parte, la acumulación está ligada a la necesidad de heredar y asegurar la protección y sobrevivencia de las crías, instintivamente los empresarios creen que entre más dinero, propiedades, éxitos y reputación acumulen, los hijos tendrán mayores capacidades de sobrevivencia y respeto por parte de la sociedad, aunque no sea siempre cierto. Cuando somos ejecutivos, emprendedores o empresarios las estrategias para acumular giran en torno a la innovación y el lanzamiento de nuevos productos o servicios.

Defenderse de la competencia
El miedo mueve montañas. Protegerse de los movimientos y ataques de la competencia es otro motivador vital detrás de la innovación y el lanzamiento de nuevos bienes al mercado. Ya vimos que las 3 primeras motivaciones tienen que ver con crecer, ser protagonistas y dominar, esto sólo se logra a costas del competidor, así que si tú no te mueves otros sí se moverán y te aplastarán. Mercado sólo hay uno, por más que crezca en el tiempo, si lo ocupa el competidor tú no podrás ocuparlo. Innovar es una estrategia de protección de tu territorio, de lo acumulado, del protagonismo, del prestigio y reputación, y en muchos casos de los bonos que nos ofrecen para mantener el liderazgo y el crecimiento sostenido. Estar a la defensiva nos mueve, más vale algo que nada, sin embargo nuestra recomendación es estar a la ofensiva. Cuando innovamos basados en miedos tomamos decisiones irracionales, no analizamos correctamente el mercado, no consideramos las tendencias y lastimamos el posicionamiento de nuestras marcas.

Tener lo básico en orden
Muchas empresas buscan innovar en muchos aspectos, al menos para mantener en buen estado las cosas básicas de sus negocios o sus productos: el empaque, el sabor, la tecnología, la logística, la producción, el ambiente de trabajo, etc. Hasta cierto punto lo que buscan estas empresas es el mantenimiento, la actualización. En muchos casos, como algunos monopolios o empresas lideradas por ejecutivos pasivos, ésta es la única innovación que llevan a cabo, y lo hacen para mantener el mero funcionamiento de la operación y por dignidad. En el caso de las empresas innovadoras, éstas buscan cambios radicales que les permitan tanto mantener el orden como lograr beneficios y ventajas adicionales. El futuro de las empresas, administradas por las personas movidas por la motivación de mantener lo básico en orden, presenta muchos riesgos, ya que los individuos motivados por instintos de superación, protagonismo y crecimiento seguramente las abandonarán para refugiarse en donde sí se viva una cultura que busque estar a la vanguardia.

Proveerle mayor valor a la sociedad
Existen muchos líderes, emprendedores y ejecutivos impulsados por una motivación legítima de agregarle valor a la sociedad. Parece contradictorio que siendo ésta la razón implícita de la innovación sea una motivación más y no su centro mismo. Claro que muchas innovaciones son el producto de egos, de búsqueda de poder, de ambiciones por la acumulación y el protagonismo, sin embargo, existen muchos individuos que más allá de esto, se encuentran motivados por el mercado, en el bienestar y felicidad de las familias. Sin duda el mundo ideal sería en el que todos fueran motivados por esto, pero nada es perfecto y hay que adaptarnos a ello sin dejar de ambicionar y poner nuestro grano de arena para mejorarlo. Agregarle valor a nuestros clientes o consumidores se puede volver adictivo por la satisfacción que provoca y la gratitud que recibimos. Lo ideal es entrar en un proceso de innovación continua siempre observando las tendencias y deseos de los consumidores, llevando al máximo las posibilidades que los avances tecnológicos nos ofrecen y las capacidades operativas nos permiten.

Dejar huella, trascender
En realidad no podemos decir que trascienden más o menos aquellas personas motivadas por egos personales o beneficios sociales, al parecer los hay de unos y de otros. Lo cierto es que existen muchas personas que como motor principal detrás del desarrollo de nuevos productos, servicios, espacios y procesos, tienen la ambición de ser recordadas. Esto está muy vinculado al protagonismo, pero la trascendencia está atada más al protagonismo después de fallecido, ser recordado, que se nombren calles por nosotros y que nuestros nietos nos mencionen como ascendencia ejemplar. Ya Abraham Maslow colocaba, en su pirámide de motivaciones del ser humano, la trascendencia como la última pero importante motivación, aquella que una vez satisfechas las básicas es considerada por todos nosotros. Y no es que creamos que ya muertos vamos a disfrutar el que otros nos mencionen y nos idolatren, en realidad comenzamos a disfrutar la trascendencia en vida al albergar la posibilidad de pasar a la historia y ser parte aguas en la vida de otras personas. La creatividad, la originalidad y la innovación han demostrado a lo largo de la historia ser grandes herramientas para lograr la trascendencia, seguir “vivos” al menos en la mente de los demás al morir. Así ha sido para Franklin, Galileo, Einstein, Curie, Da Vinci, Dalí, Carnegie, Rockefeller, Pasteur, lo está siendo para Jobs, y lo será para Gates, Bezos, Branson, Zuckerberg y muchos otros aún vivos.

Emular a los grandes
Y por último, tenemos otra motivación, que surge del sentido comparacionista del ser humano que se despierta cuando vemos a otros, cerca o en otras latitudes, innovar, agregar valor a la sociedad, lograr grandes proezas. El ser humano busca referencias, emular a otros como inspiración en su vida. Grandes figuras empresariales, políticas, artísticas, científicas, académicas y religiosas han sido ejemplos a seguir para otros, han motivado e inspirado a otros. Cientos de películas, que cuentan la historia de pensadores, artistas e innovadores han inspirado a miles a hacer algo por su lado, muchas películas nos hacen decidirnos por fin a emprender algo, a arriesgarnos. Al ver tal idolatría y trascendencia de otros, obviamente nos contagiamos. Tal vez tú algún día serás un ejemplo para otros también, Hacer lo que hacen los grandes es un instinto de aspiracionalidad, no sólo es ser como ellos sino recibir de las audiencias lo que ellos reciben.

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